29 ene 2021

IN MEMORIAM DE DON JOSÉ CASTELLANO BENÍTEZ (Inspector de Educación jubilado)

 

 

Los compañeros de la Inspección Educativa de Canarias hemos recibido con mucha tristeza el fallecimiento del inspector de educación don José Castellano Benítez. Tras larga enfermedad ha dejado a su familia y amigos con gran dolor por tan sentida marcha.

 

Pepe Castellano dedicó su vida al magisterio canario, con entrega, seriedad y mucha humildad. Natural de Santa María de Guía, Inició sus pasos en la carrera docente cuando el año 1965 aprobó las oposiciones, con el número uno de su promoción. Obtuvo su primer destino en la Escuela Nacional de Puerto del Rosario. El año siguiente trabajó en Alfabetización de Vecindario durante un curso escolar. En 1968 y hasta 1970 fue destinado al C.N. Calvo Sotelo realizando tareas de pedagogía terapéutica.  Interesado por la disciplina que realizaba, solicitó destino en educación especial en Prat de Llobregat. Acudió a clases, durante cinco años, y obtuvo la licenciatura en Psicología en la Universidad de Barcelona, en horario de seis a diez de la noche. Una vez que volvió a su tierra obtuvo destino en el C.N. Generalísimo Franco (actual C.E.I.P. Canteras). A finales de los setenta formó parte, como fundador y por tanto como pionero, del primer Equipo de Orientación de la provincia (Servicio de Orientación Escolar y Vocacional). A partir de 1982 accedió, como interino, al Servicio de Inspección, obteniendo su plaza definitiva en 1986, por concurso oposición. En enero de 1990  y hasta su jubilación en el año 2006, sería el inspector coordinador de la provincia de Las Palmas. Ese mismo año, a propuesta de la Consejería de Educación, obtuvo la Cruz de Alfonso X el Sabio de manos de la ministra del ramo, por los méritos obtenidos en su dilatada carrera.

 

Conocí a Pepe Castellano en 1984 en Jinámar, siendo yo director del C.N. Fernando del Castillo (actualmente CEIP José Tejera). Me llamaba la atención su capacidad de liderazgo y asesoramiento. Tenía un trato muy cercano y humanitario, virtud muy necesaria en la zona de trabajo que ocupábamos. Allí trabajamos, junto al resto de los directores, en la escolarización del numeroso alumnado que ocuparon los colegios. El trabajo fue duro y complicado, pues estábamos desbordados. Jamás lo vi desfallecer en la tarea tan complicada que nos ocupó por la entrega de tantas viviendas sociales. Quién me diría que tras su marcha de la zona, me ofrecieron ingresar en la inspección y lo tendría como jefe durante toda mi estancia en el servicio. Formó parte de mi tribunal de oposición en el año 1989 y al aprobar me convenció para que tomara la plaza de Fuerteventura.

 

De Pepe Castellano solo tengo palabras de agradecimiento por su trato y deferencia hacia mi persona. Largas charlas para escuchar y luego asesorar, reuniones de coordinación con todos los compañeros con el fin de informar, poner a punto interpretando la normativa y como consecuencia de ello una sola voz inequívoca de los componentes del servicio hacia los centros educativos. La toma de decisiones con templanza, usando el tiempo como un modelo eficaz de actuación  y ajustada a la normativa. No había horario para las consultas, ya fuera en su despacho, tomando un café o llamándolo a casa en tiempo de descanso. Jamás le escuché una palabra más alta que otra, jamás un desdén, jamás una orden sin un <<a ti que te parece si lo haces así…>>. Pepe era un compañero más que se involucraba en el problema que fueras a plantearle.

 

La Inspección Educativa de Las Palmas, bajo su jefatura, era una máquina bien engrasada y ajustada que tenía prestigio por su seriedad y dedicación. Estos días he leído en el grupo de watsApp de los compañeros jubilados, muchísimas palabras de afecto y agradecimiento y ningún reproche. Sería imposible reproducirlas en este medio. En el fondo y resumen de todas esas opiniones: José Castellano fue un  profesional honesto, un trabajador incansable, gran compañero y amigo que dejó el listón muy alto en el magisterio canario.   

 

Estamos, por tanto, ante la pérdida de un docente que ha hecho escuela en su parcela y que jamás debe olvidarse como referente para los futuros profesionales de la educación en Canarias.

 

El día nueve de febrero de 2007 recibió el homenaje merecido de los compañeros en el Gabinete Literario. Allí estuvimos todos. Recuerdo que escribí un poema para el momento y que leyó el amigo Gorgonio Martín Muñoz (D.E.P.) pues yo no me sentía con fuerzas para leerlo. Hoy merece que lo recuerde, pues con el papel escondo mis sentimientos de mejor manera. Decía así:

 

Estoy delante del papel y veo al amigo./ Estoy metido en el reconocimiento./ Escucho que me dices que sea conciso/ ¿Cómo las horas? ¿Cómo el tiempo? / Me pregunto: ¿Cómo puedo ser sucinto si no lo deseo?/  Vueltas al pensamiento./  Debo decir lo de la amistad y el respeto,/ lo de la paciencia y el buen entendimiento./

Continúo con el papel y veo al amigo./  Sigo metido en el reconocimiento./ Escucho que me dices que sea generoso./ ¿Cómo en la entrega? ¿Cómo en la equidad?/ Me pregunto: ¿Qué pasará si no digo/ lo de la seriedad?/  Sigo en el razonamiento./ Debo decirlo, así como lo de la consideración,/ la cortesía y la continua deferencia./ Estoy delante del papel y sigo viendo al amigo.

 

Aquella noche y al día siguiente me llamó a casa y me agradeció mis palabras. Él era así “gentil hombre de la educación”. Lo vamos a echar de menos en nuestras reuniones de jubilados del servicio. La última vez que vino a una de ellas me tocó llevarlo a casa. Ya se notaba que perdía facultades y que la maldita enfermedad iba ganando terreno. Así y todo hacía esfuerzos por seguir la conversación. Lo dejé en la esquina de casa y esperé hasta que entró en su domicilio. Caminaba con porte y me hizo recordar una foto, tomada por un periodista, ocasionalmente, de él que vi en la prensa un día de lluvia por la calle Primero de Mayo. Su pantalón gris, su chaqueta azul marino, su paraguas y el maletín, todo un lord paseando por Piccadilly . Creo que fue la última vez que coincidimos.

 

Quiero enviar un abrazo a su esposa Dory, a sus hijos Miriam, Raúl e Iván y a toda la familia. No puedo olvidar a todo el magisterio canario que ha mostrado su pesar por la marcha de Pepe y si me lo permiten quiero hacer un apartado especial para enviar mis condolencias también a todos los miembros, en activo y jubilados, del Servicio de la Inspección Educativa de Canarias.

 

Que descanse en paz José Castellano Benítez y permanezca con nosotros su recuerdo.

 

 

                                               


                                               Foto cedida por José Manuel Vega (AEDE). Pepe Castellano en Notre Dame de Paris

14 sept 2020

La Escuelita del Almendro (14.09.2020)

 

 

 


 

La escuelita del almendro.

Ha llegado el verano a San Mateo y hace calor. Las que fueron flores multicolores se han convertido en frutas y las almendras caen maduras sobre el pupitre de La escuelita del almendro. Allí hacen tareas Kinito y Nuqui. Cada día aprenden a leer, a dibujar y a contar las almendras que forman una decena, una docena y hasta una centena. Aprenden a escribir mientras sus manos, cada vez más seguras, cogen los lápices, a la vez que acarician a sus amiguitos de la finca. Cantan melodías y suena la alegría. Se acercan los gatos pausadamente para jugar con los saltamontes. Los perritos chismean de sus cosas y se sientan en las faldas de los niños, para ver cómo lucen los colores en las libretas. Los pájaros se posan sobre el árbol y entonan canciones, a la vez que las mariposas bailan en zigzag con sus trajes de seda. No importa que Canelita descanse su boca en la libreta, ni que Vicky, la gatita de la mancha blanca en la frente, se duerma sobre el regazo de Kinito, mientras el rosado de su témpera cubre la ilustración.

Cabe todo en La escuelita del almendro, todo menos hacer daño a los animalitos. Ellos saben que las hormigas cooperan y trabajan en equipo, o sea que son sociables. Conocen que los perdigones corren por la finca de los vecinos llamando a sus padres, que Negrita (la madre de la camadas de gatitos) los ha dejado vivir sus vidas y se fue a recorrer otras tierras. A la vez Canela y Blanquita, las dos perritas que trajeron los Babus de Valsequillo, han acogido a los mininos y duermen por la noche todos juntos en su casita para darse calor. Saben, también, el día que vienen la ovejas a pastar a la finca y que el señor pastor los deja que acaricien la lana de las más pequeñas cuando comen la hierba, mientras suenan sus cencerros en una sintonía acompasada.

Todo eso, y mucho más, sucede en la Escuelita del Almendro, donde los padres, Kino y Angi, les enseñan que aprendiendo en (y de) la naturaleza, serán buenas personas y muy felices durante sus largas vidas.

 

 

 

 



23 ago 2020

Un recuerdo del CEIP HILDA ZUDÁN (Día del Libro 2020).

 

Hoy he abierto Internet y he encontrado esta referencia que hicieron en el CEIP Hilda Zudán de Jinámar por el Día del Libro. Estuve en el centro hace años para una visita con el fin de comentar los libros que habían leído los niños. Este curso, sin mi presencia, hicieron muchas actividades los diferentes cursos. Me alegra mucho esta referencia porque constato que aunque haya dejado de asistir a los centros, los docentes se acuerdan de mis libros, incluso estando confinados y trabajando telemáticamente. Les doy las gracias por todo lo que han hecho y les deseo un nuevo curso venturoso e infinitamente más tranquilo que el pasado. Un abrazo y gracias.

24 jun 2020

En el setenta y siete cumpleaños de Pepe Nieto (24.06.2020).




A mi querido hermano Pepe Nieto.

Años y meses pasaron desde entonces. No hubo despedida, pues fue un día más, solo perduró el recuerdo de la madrugada sombría y triste. Él, ahora, persiste en mis esencias; en los espacios huecos que dejaron su vitalidad y llenaron mis pensamientos, mis tristezas, mis alegrías, mis quereres… La oquedad quedó atrás para colmarme con sus anhelos y convertirme en senderos cargados de luz (aquella misma luz que él me insufló mientras no fue sombra).


12 jun 2020

Rotha Beryl Lintorn-Orman (La franquicia de su equipaje) . 12.06.2020





Para pedestal, no para sepulcro, se hizo la tierra, puesto que está tendida a nuestros pies.      
   José Martí


Se sentó sobre el murete, apartó el jable y afianzando sus pies descalzos sobre la tierra se dispuso a dejar sobre la triste lápida de mármol, la franquicia de su equipaje.

Simples complementos de uso cotidiano: un sombrero de ala ancha, unas gafas de sol, las llaves del auto, el móvil, sus recursos para el maquillaje y el bolso de mano que tanto la socorría.

Y así se presentó ante su lecho, ochenta años después.  Ante quien se había iniciado como heroína con medallas y acabó como idealista y pragmática del fascismo británico.

¿Para qué sueños dañinos? ¿Para qué más cargas en la vida? Si solo se necesita pureza de mente, sencillez en el alma y pies descalzos…

¿Para qué un corazón podrido por los malditos ideales? ¡Conteste Miss Rotha Beryl Lintorn-Orman!


10 jun 2020

Te negaré tres veces (10.06.2020).







En el pueblo era costumbre ir los domingos a hacer el paseo a la plaza.  La plaza era el lugar de los pretendientes al noviazgo y de los enamorados. Una fuente sin agua ocupaba el centro geográfico del recinto. A su lado un gran laurel de indias equidistaba de otros cuatro plantados a intención en las esquinas del lugar buscando dar sombra. Detrás de unos bancos de madera que servían de asiento para las vigilantes madres de algunas de las chicas, los jardines se mostraban con plantas y flores de temporadas.

Ellas, las chicas en edad de merecer, y ellos con años de prometer, iban en parejas o de cuatro. En estos casos siempre las chicas al centro y ellos en los costados. Uno al lado del otro, vestidos de domingo, paseando en círculo ajustándose a los parterres que circundaban aquel monumento a las pretensiones. La fila de parejitas no tenía fin.  Solo caminaban y hablaban, cuando ya se conocían, o se acompañaban en silencio, cuando aún sin conocerse se permitían ese halago. Aquellos que hablaban lo hacían de las simplezas que dicen los que se pretenden. Un roce entre chaqueta y blusa era todo una declaración de pasión desenfrenada.

El chico de la moña ajustada con fijador y mirada provocadora invitó a la chica de los ojos añiles y el pelo rubio a abandonar la formación:

—Aquí perdemos el tiempo, le dijo. Antes de que anochezca estaremos en tu casa. Yo me comprometo a llevarte y a hablar con tu padre. Voy en serio. Ella  se negó: 

—¡Estás loco, lo que dirán las cotillas del pueblo...!

Cuando llegaron a la salida de la plaza, él la empujó con su hombro y a ella no le quedó más que ceder ante el arrastre del apasionado galán. La chica de los ojos añiles agachó la cabeza y caminó  en dirección a su hogar. No quiso mirar atrás, seguro que ya la estarían poniendo en boca. Pero ella siguió el camino al lado de su osado pretendiente.

Desde que se vieron solos, él la invitó a la verbena del sábado:

—En el casino del pueblo. Allí podremos bailar sin que nos molesten, pues tengo que decirte algo importante. No quiero más rondas en esa odiosa plaza –le dijo mirándola fijamente, mientras ella agachaba la cabeza y ocultaba su mirada entre los dorados rizos.

Ella se negó por segunda vez: —¿no te parece que vas muy rápido?

—Soy así de impaciente— le contestó él.

Cuando llegaron a su casa, ella abrió la puerta y entró. El, tras ella, se invitó a pasar al zaguán. Ella no se negó. Ya dentro del pequeño espacio y entre puerta y puerta y acompañados por la oscuridad, la chica de los ojos añiles y dorado cabello, agarró al joven por sus brazos y lo atrajo hasta que sintió el cuerpo varonil unido al suyo. Para cuando el joven reaccionó ya ella le había entregado sus labios y lo besaba apasionadamente.

Pero el ímpetu de la hermosa joven se vio cortado, cuando el que había sido su impaciente galán de mirada provocadora cayó al suelo tras perder el conocimiento por la impresión del momento. Ella le ayudó a despertar del embeleso, soplándole los ojos y dándole palmaditas en la cara. Cuando el pretendiente recobró el sentido, solo veía imágenes borrosas, como si saliera de una caja en penumbras. Después, cuando dejó atrás el resuello, se disculpó con  la chica y antes de abandonar el lugar le negó que aquel fuera su primer beso de amor.

Las rondas en la plaza se sucedieron, pero la pareja del chico de la moña peinada con fijador y mirada provocadora y la chica de los ojos color añil y rizos dorados, no volvieron a cruzarse la mirada y mucho menos a unirse en aquella odiosa hilera de pretendientes.  






   

5 jun 2020

El Ilusionista (05.06.2020).



La diferencia entre el pasado, el presente y el futuro es solo una ilusión persistente.
(Albert Einstein)



                                                                      Foto obtenida en bbc.com


 Han bajado los precios de los artículos a vender en la tienda de los tres grandes portones de madera con cristaleras. Sí, es la tienda que luce medios pilares incrustados y sobre los que descansan lindos capiteles. Así la sitúan en los papeles de publicidad que los chicos del barrio, contratados por unos cuartos, van entregando a los transeúntes en mano, o dejando caer en los buzones.

La verdad es que toda la tienda, en su conjunto, aparenta cansancio. Acaso algo de descuido, también. Su dueño es un empresario mayor que en sus buenos tiempos fue un joven emprendedor muy capaz. Entonces, el negocio estaba como un palmito. Era la atracción de la calle Mayor. Allí entraban los acaudalados compradores que presumían de marcas y modelos para el día siguiente contonearse luciendo tipo y estilo. Ahora ya no, pues según fue pasando el tiempo los grandes almacenes inundaron el mercado y los pequeños negocios llegan a final de mes a fuerza de imaginación.

De todas formas, a don Darío su dueño no es que le importe mucho. Él es más feliz cuando al atardecer cierra sus puertas. Ya, tampoco, está pendiente del trato de sus dos empleadas con los pocos clientes que entran por la llamada del descenso de los precios. Él no tiene prisas por vender, ni ilusión por la caja, ni nadie que le espere. Él vive por vivir. Escapa con lo poco que entra cuando suena un ingreso en la caja registradora. No necesita grandes estipendios. Él lo que desea es el cierre, porque este le abre las puertas a otro mundo. Entonces se quita su chaqueta y en mangas de camisa abre su álbum de fotos donde se recogen los momentos más felices, aquellos que pasó con su amada Victoria.

En su silencio va pasando hoja a hoja y recrea sus miradas cargadas de intenciones, sus poses de jóvenes enamorados, la belleza del rostro de su amada, sus ondulados cabellos, su cuerpo de porcelana. Y es cuando vuela a su otrora lecho del amor. Donde solo eran dos en uno, compartiéndolo todo. Es así cuando en sus oídos se recrean nítidamente cada “te amo” entre agitados respiros y cada beso en un sello apasionado de fiel compromiso. Es cuando se hace dueño del paraíso. Solo aquel sueño se quiebra llegado el momento de abrir la página de los trozos de papel. Cachos de papel rosa en una escueta nota de despedida. Cachos de papel rosa resultado de los mismos mil pedazos de su dolorosa y enrabietada acción. Allí aparecían pegados poco a poco, tarde a tarde, como en un puzle que fuera componiendo con el paso de los años, mientras en cada ajuste fuera preguntándose el porqué.

Y entre balbuceos repite desconsoladamente buscándole un significado a lo incomprensible:

“Querido Darío:  Líbreme Dios de quererte hacer daño. Sirvan estas desgarradas letras, como roto está mi corazón, para despedirme. No puedo vivir con tanto amor. Tengo miedo a perderte y a que sufra en la misma medida que ahora te amo. Siempre te llevaré en mí. El recuerdo de lo vivido hará mucho más fuerte nuestro apasionado amor. Tuya de por vida.  María.”

Así de escueto y de difícil consuelo se muestra la misiva. Después, respira profundamente, cierra el álbum, lo coloca en la caja fuerte y deja caer la descolorida chaqueta sobre su cuerpo. No importa como le quede sobre la cansada espalda. Ni tampoco que al cerrar su tienda de las grandes cristaleras, un ilusionista lance pompas de plata que vuelen hasta abrazar a los que en el futuro serán quienes vibren con el amor que a él le persistirá de por vida.

13 may 2020

In Memoriam de Joaquín Reguera González (08.05.2020)



Lamento comunicarles el fallecimiento, anoche, de mi tío Quino (Joaquín Reguera González). Digo tío porque era el menor de los hermanos de mi madre. Debido a su edad, cuando se casaron mis padres en Arrecife en 1942, era aún un adolescente que con la llegada de mi hermano Pepe Nieto (DEP) se convirtió en nuestro hermano mayor. Así ha sido siempre, tanto él como mi tía Lola e hijos (Toñusa, Mariola, Carolina y Ricardo Joaquín) que han sido nuestra familia natural. 




                                   Los Bermejos (Lanzarote). Lugar donde se criaron los Reguera.



 
Hacía tiempo que estaba ingresado y estos dos meses de alejamiento “obligatorio” han resultado desesperante para nosotros. Qué duro es la enfermedad de un ser querido y qué desgarrador pasar los últimos meses y la despedida, sin poder estar a su lado para que sintiera nuestro cariño y agradecimiento, por tantos años de entrega. Pero bueno, entendemos que la situación lo requería, pero jamás vamos a poder olvidar esta prueba que nos ha puesto la vida. 

Acompaño mi dolor con el mismo sentimiento de mis primos, nombrados anteriormente, como el resto de toda la familia Reguera, nietos y bisnietos. 

En estos momentos es muy fácil que se  escapen palabras fáciles de alabanzas, no quisiera que se interpretaran de ese modo; así, pues quien lo conoció compartirá conmigo que fue un ser adorable, bondadoso, amable, enamorado de su esposa desde que eran unos niños, padre ejemplar, trabajador y cariñoso para los mayores y chinijos de la familia. 


                                       Mi tío y mios hermanos frente a la casa do0nde nacieron en El Charco de San Ginés


El día que mi madre se puso de parto en La Isleta, él la acompañaba en casa y corrió a buscar a la partera para que yo viniera al mundo. Con él di mis primeros pasos en su casa de la calle Bolivia en Guanarteme. Junto a él hemos vivido todas las alegrías y tristezas de nuestras vidas. Amaba a mis padres y los acompañó hasta el último segundo de sus vidas. Visitas a médicos, turnos de clínica, como uno más de mis hermanos, llamadas diarias a casa, toda la vida, día a día, para saber como estábamos todos y cada uno de nosotros. Eso es querer a su familia y no vamos a olvidarlo jamás. 



Permítanme que mande un abrazo muy fuerte a mi tía Lola que lo ha acompañado desde la niñez, siempre juntitos y que se amaron cada día de sus vidas, que está pasando la marcha de mi tío con todo el dolor que ello conlleva. 

Nada más, mis besos para mi tío y que descanse en paz tras la dura prueba final, totalmente inmerecida, cuando además de sus labios no salió una simple queja. 

Te querremos siempre “Maquinilla”. 

        
 

24 abr 2020

Los Leader´s

 
Los Leader´s actuando en el sótano del local (Asadero de Pollos) situado en la esquina del  Puente Palo. La batería era propiedad de  un conjunto que había actuado la semana anterior



Los Leader’s (Capítulo II)

A la vez que todo este fenómeno iba ocurriendo, Toba seguía en su barrio a aquellos que practicaban algún tipo de instrumento. Observaba también los movimientos musicales de la capital. Y se fijó en Manolo Bermúdez un joven que vivía al lado de su casa que acudía a tomar clases de solfeo. Tenía una guitarra y una melódica que las había obtenido como regalo de reyes.

Eran tiempos de las pandillas de chicas y chicos que se reunían en lo que se llamó guateques en todo el territorio nacional. La diferencia de los guateques canarios se fundamentaba en que los nuestros se hacían en las azoteas. Para eso se disponía de algo primordial en esta tierra, el buen tiempo y el tipo de construcción, sobre todo en las casas terreras. Solo era indispensable tener un pick-up, los famosos discos de vinilos para poder bailar con aquella joven o aquel chico que más gustaba, con la música de moda de fondo y los polvos talcos en el piso para propiciar el desplazamiento. Todos los que tenían discos los aportaban para que el baile funcionara. Manolo Bermúdez disponía de posibilidades y tantas veces repitió aquella experiencia que decidieron organizar un club de jóvenes al que llamaron  Hawái. En esa época se puso de moda el término Yé Yé. Éste había nacido en Francia, en un programa de radio, para denominar a un tipo de grupos musicales femeninos que hacían pop, sobre todo, y también algunos que se introdujeron en el Soul y el R&B. Este movimiento pronto se extendió por todo el mundo. También hay quiénes defienden la postura de que ese término viene de las canciones en inglés que repetían continuamente Yeah, Yeah (Sí, sí). Como fuere, ser un yeyé significaba estar en la vanguardia del pop y de la modernidad juvenil y aquellos chicos lo eran.

Un día, junto a otros chicos del barrio que estaban, como él, enamorados de la música y tenían el gusanillo de formar un grupo, se pusieron manos a la obra y crearon” un conjunto” (como también se les denominaba a los grupos de música moderna) al que llamaron Los Leader’s. Los componentes eran Manolo Bermúdez como primer guitarra, Fernando Roque (tristemente desaparecido) que tocaba la guitarra de acompañamiento, Santiago Hernández hacía sonar el bajo, Andrés Velázquez la batería y el propio Toba era la voz.

El lugar donde arrancaron e iniciaron los primeros ensayos fue en el Club Hawái, precisamente, y allí en los guateques llevaron a cabo sus primeras actuaciones. Luego, dieron el salto y optaron por ensayar en un local cerca de La Portadilla en la calle de la funeraria y, más exactamente, en una antigua vaquería. Este lugar era un almacén que el padre de Manolo Bermúdez tenía para guardar las mercancías que luego distribuía para las ventas.

Santiago Hernández trabajaba en la tabaquería El Deportivo, propiedad de su padre. Estaba situada frente al Bar Polo, en el Puente de Palo. Dicho bar tenía fama ya que allí se reunía toda la bohemia de la capital, además de todos los que venían a actuar al Teatro Pérez Galdós. En la tabaquería se vendían, además de balones, artículos de primera necesidad, chucherías y la Cuadrupleta de las carreras de los galgos, boleto que estaba muy arraigado cuando estaba en auge el Canódromo o Campo de España, donde se realizaban las competiciones de los galgos. Costaba dos pesetas la apuesta. Andrés Velázquez Robayna, aficionado a la pintura,  era un artista en ciernes. Desde pequeño le gustó practicarla, y a la vez acudía a sus estudios. Fernando Roque era el más completo de los músicos pues era capaz de tocar cualquier instrumento y también fue el mejor amigo de Toba.



                                                            Foto tomada de La Provincia.es

Los comienzos no fueron nada fáciles.  A pesar del gran interés y deseo por llevarlo a efecto, chocaban con el gran problema económico, por lo que tuvieron que agenciarse los instrumentos de segunda mano. Ese trapicheo se lograba en un boca a boca entre la juventud. Los instrumentos que dispusieron fueron unas guitarras Framus, un bajo Hofner, ambos de origen alemán; la batería era una simple caja y un plato; además, de unos aparatos de radios viejos que con unos altavoces conectados eran usados como amplificadores. A esto había que sumarle un soldador eléctrico, un rollo de plomo para soldar y un bote de ácido para ayudar en el menester. Se trataba de arreglar a tiempo los cables que se rompían y que eran imprescindibles para que todos aquellos artilugios e instrumentos funcionaran. Hay que recordar que en aquel tiempo muchas guitarras españolas pasaron a ser eléctricas a base de pastillas que se acoplaban. Todo ello con mucho ingenio y arte de los luthieres en que se habían convertido los jóvenes aficionados. También, la apertura, en 1962, de la tienda especializada en instrumentos musicales Orbis, propiedad del don Manuel Santana, en la Calle Mayor de Triana, vino a aliviar en gran medida las posibilidades de los grupos. Era el propietario un hombre afable. Tenía muy buen talante y vista comercial. Facilitaba las compras sin muchas trabas, al saber que tras la venta siempre había un alto grado de compromiso de los jóvenes. Se hacía el pago por el sistema de “letras”. Dichas “letras” eran unos pagarés que, en el noventa por ciento de las ocasiones comerciales, no se pasaban por el banco, lo que daba a la operación un aura de confianza mutua entre vendedor y comprador. Aquello que se denominaba “palabra de honor”, aportaba más valor al compromiso que la presencia del ente bancario con la posibilidad del recargo y sus intereses. 

Allí, en ese local de ensayo, fue por primera vez donde Toba empezó a tomar contacto con músicos de otros grupos; así conoció a Pantaleón que tenía un amplificador en condiciones que sonaba más que medianamente bien. A Toba le llamó la atención por el sonido que emitían sus dos altavoces. También hizo amistad con Carlos Butler y Carlos López, pues los visitaban a los ensayos y hacían sus pinitos. Dos principiantes más en aquella época y que con el paso del tiempo serían muy bien considerados en el ambiente rockero canario. Hay que consignar que este es un detalle importante, pues en tales momentos esos músicos, y otros muchos, formaban parte de una legión de grupos de rock de otros barrios de la capital que comenzaban a sonar. Los jóvenes músicos se saltaban los límites de sus procedencias para constatar cómo iban funcionando los compañeros y las novedades, rompiendo con ello el hermetismo que había dentro del ámbito donde estaban ubicados.

Los Leader’s se dispusieron a la tarea y ensayaron, canciones de Los Mustang, un grupo español que alcanzó la fama en los sesenta y que comenzó con música instrumental. Los Mustang encontraron un filón haciendo versiones en castellano de temas interpretados por The Beatles y de otros cantantes como Hervé Vilard y Jimmy Fontana. Sonaba, en aquel entonces, en el almacén, la voz grave de Toba interpretando 500 millas de Peter, Paul and Mary y, cómo no, también Madison Twist de Johnny Halliday. Ya mencioné anteriormente que para Toba era un placer cantar todos aquellos temas en los que su voz se ajustara o rozara los cánones negros de sus ídolos; pues bien, a los pocos meses de comenzar los ensayos, Manolo Bermúdez hizo valer su condición de dueño del local y núcleo sobre el que giraban las pocas posibilidades que tenían, para comunicar al joven intérprete que su voz no encajaba en lo que entendía como objetivo a conseguir y “lo invitó” a abandonar el grupo. Aquella noticia le supuso un tremendo disgusto, pues no entendía los motivos de su expulsión. Es sabido que Toba, siendo ya un rebelde para todas las posturas injustas, en la misma medida siempre fue un joven muy introvertido y serio para estas cosas y asumió sin aspavientos la decisión única y autoritaria de su compañero. En las conversaciones que hemos tenido sobre este mal trago, el cantante siempre ha justificado la actuación de su compañero, pues ya iba comprendiendo que su voz tenía algo de especial y diferente a lo que se hacía en los conjuntos del momento. No sería esta la única vez que tropezaría en su carrera con obstáculos no deseados, pero a fuerza de tesón los fue superando. El gran secreto del cantante, toda su vida, siempre ha sido su constancia y empeño en conseguir los objetivos con tesón y pundonor.

El conjunto continuó con sus ensayos. Una mañana, Fernando Roque fue al encuentro de Toba y le dijo que a las siete estuviera en el local para ensayar. No le quiso dar más explicación que la que escuetamente le había comunicado. Al cantante aquella noticia le cogió de sorpresa y a la hora acordada se presentó dispuesto para ensayar. Manolo Bermúdez cuando lo vio le preguntó qué hacía allí y si no había entendido. Fernando Roque tomó entonces la palabra y defendió a Toba: “Todos hemos decidido que Toba vuelva, si él abandona este local, hemos acordado que todos nos iremos”. Manolo Bermúdez comprendió que aquella decisión era un golpe a su autoridad, sin embargo, asumió la postura de sus compañeros, aunque no le agradara. Nunca más se volvió a hablar del asunto.

Cuando Los Leader’s contaban con una veintena de canciones decidieron comenzar su carrera artística y para ello iniciaron la búsqueda de actuaciones. Pronto llegó la primera. En la explanada de lo que hoy es el Hospital Insular, se instaló un pequeño circo itinerante cuyos artistas hacían sus números para los que amaban ese tipo de espectáculo. Hay que decir que en Canarias tiene su público, probablemente debido a la tradición y a la carrera espectacular que hacía ya aquellos años la más grande trapecista de todos los tiempos, la grancanaria Pinito del Oro y sus hermanos, los Segura. Pero este no era el caso, el contrato que se consiguió era para actuar como teloneros de la estrella del circo, una cabra que subía por una escalera y hacía equilibrismo sobre ella, o lo que le pusieran bajo sus pezuñas. Una experiencia que no todos los grupos tienen como inicio, pero que Toba y sus amigos asumieron con tal de hacer música ante el público. El resultado no fue malo, a vista de los jóvenes, y ello los animó a buscar otros espacios donde actuar.

Al poco tiempo, les surgió la oportunidad de actuar en el Mirador del Lasso donde había un restaurante, y a la vez una sala de fiesta que les sirvió de presentación más formal y duradera. Allí interpretaban sus canciones ante público nacional y extranjero que procedían de los primeros establecimientos hoteleros de la capital. Los guías de los touroperadores nacionales, como El Club de Vacaciones y los escandinavos Spies Rejser, Tjaereborg, Saga Tours etc., llenaban las guaguas de turistas, tres veces en semana. Allí, además de cobrar decentemente, se fueron afianzando en la profesión mientras los clientes movían sus cuerpos en la pista de baile. Además, tomaron contacto con lindas chicas, sobre todo escandinavas, que a la mañana siguiente los esperaban en la playa de Las Canteras para pasar juntos el día y la noche. Era época de discotecas que ya empezaban a funcionar en la capital, algunas de ellas muy concurridas cada jornada como Saxo Club, Aloha, Tam Tam Club y el Búho.

Ya en esos tiempos la vestimenta de los músicos, y a la vez de la juventud, comenzó a cambiar progresivamente. Camisas de colores estridentes, pantalones estrechos hasta los gemelos que se convertían en campanas (así llamados por su forma), botas negras de tacón alto y media caña con punta fina y chaquetones exageradamente visibles. Y en cuanto a sus pelos, largas melenas, con bigotes caídos hasta la barbilla y patillas anchas que cubrían media cara. En cuanto a las chicas, la diseñadora inglesa Mary Quant puso de moda la minifalda y las jóvenes de todo el mundo la siguieron, a la vez que cubrían sus piernas con botas o tacones finos de considerable altura. En cuanto a sus pelos, las féminas adoptaron el cabello cortado en redondo. Toda una revolución como signo de protesta y con ánimos de cambiar las costumbres ya establecidas tradicionalmente. También en Canarias fue así y Toba lo practicó como un joven más.

En una ocasión que Toba tuvo que actuar, salió de su casa y bajó por la calle Doctor Ventura Ramírez. Don Alfonso Melo, dueño del Torrecine, lo paró y le dijo que pasara al interior que quería hablar con él. Allí en la intimidad de su despacho, le habló de la siguiente manera: “Toba, ya sé que usted es joven ¿pero, dígame, no le da vergüenza vestirse de esa forma y bajar por esta calle con el ruido de sus tacones llamando la atención de todas las chicas y personas que viven al lado de la casa de unos padres tan serios y buenas personas como usted tiene? ¿No se da cuenta de que está dejando en mal lugar a su familia?” Toba no salía de su asombro y simplemente le contestó: “Yo creo que no estoy haciendo nada malo, solo voy a actuar y a cantar que es lo que me gusta”. Este ejemplo sirve para que se entienda cómo fueron estos cambios que la juventud experimentó y en la perplejidad de los mayores que formaban una sociedad cerrada y muy estricta.

La empresa Organización Artiles, arrendadora de El Restaurante del Mirador El Lasso, se estaba convirtiendo en un imperio y era dueña o, como el caso que he mencionado, arrendadora de diferentes restaurantes que posibilitaban la llegada de turistas y el baile, así que Los Leader’s se dieron cuenta de esta posibilidad y se dispusieron a proponerles el grupo para otros establecimientos. Las oficinas las tenían en la calle León y Castillo, frente al Banco de España y donde estuviera ubicado el Frontón Jai Alai, en el número cincuenta y siete, deporte que arrastró a muchos canarios a ver jugar a los pelotaris vascos. De aquellos deportistas vascos alguno formó matrimonio con alguna señorita canaria y al cierre del frontón, en el año setenta, terminaron fijando su residencia en nuestra isla. De todos ellos solo hubo un canario que jugara profesionalmente, Francisco Ortega, que desde niño siguió el juego con entusiasmo, hasta que consiguió debutar.  Pues bien, de esas conversaciones salieron nuevos contratos en la Grutas de Artiles, en la carretera de Santa Brígida a La Angostura y en el Restaurante La Luna, situado en frente del Aeropuerto de Gando. Estos contratos sirvieron para ir mejorando la instrumentación, ganar unas buenas pesetas y, sobre todo, superarse en la profesión.

                                                         Foto tomada de Internet. Pinterest

Tal es así que, en los Matinés del Cine Avellaneda, donde cada domingo se hacían espectáculos en los que los grupos competían, Los Leader’s, con una canción de Fernando Roque, letra y música del mismo, y dedicada a una “novia” sueca de Toba llamada Lena Svenson, ganaron el primer premio. El domingo siguiente a su actuación Toba se acercó al Cine Avellaneda para ver a los grupos que actuaban y tuvo la fortuna de observar a un grupo que le marcó. Sobre el escenario, el presentador anunció la presencia de Los Extraños, un conjunto de la zona de Las Alcaravaneras y Puerto. Su vestimenta, al estilo Beatles, con trajes de chaquetas cerradas sin cuello, su puesta en escena y su estilo musical, no le pasaron desapercibidos. Aquel grupo hacía rock y sonaba distinto y sus músicos dominaban los instrumentos y voces, lo que hizo que el cantante de Los Leader’s saliera de allí impactado. Pensó, definitivamente, que había otro mundo fuera de San José, y en ese espacio, sobre todo, un mundo de la música que quería conocer y disfrutarlo. Por tanto, pronto, haría amistad con todos ellos y se propuso salir de aquellos límites en los que se había convertido su barrio. En el futuro, con alguno de ellos, compartiría escenario en más de una ocasión. Los Extraños, en aquel momento, estaba formado por José Agustín Santana (Pepetino) quien cantaba y tocaba la guitarra rítmica, Armando Suárez (Mandi) primer guitarrista, Miguel García a la batería y Gustavo Román tocaba el bajo.  

Todo iba a pedir de boca, pero, como históricamente siempre ha pasado en las bandas de rock, las situaciones personales de los componentes de cada grupo hicieron que se produjeran cambios. Así, Andrés Velázquez dejó la batería y le sustituyó Jaime García (el Fósforo), quien a posteriori tendría una relación profesional duradera con Toba, así como Manolo Bermúdez, el que fuera punto embrión fundador, se fue y ocupó su lugar Páez (el Ciego).

Dos años más tarde, Toba sopesó la situación y ante una falta de proyección considerable del grupo, dejó Los Leader’s y también aquella etapa de iniciación y progresión, para tomar nuevos rumbos.