12 mar. 2007


¡Al fin lo conseguí...! Hace tiempo que estoy detras ella para que me hiciera unos artículos para el blog. Esto es lo que me ha mandado mi amiga X. No desvelerá su nombre mientras no me lo permita. Estoy feliz con esta aportación. Espero que guste a rabiar. Gracias a mi amiga, la funámbula. Aunque suene mal ella se ha querido denominar así y yo lo acepto y le doy las gracias


Crónica de una funámbula de ciudad. (I)

Hace tiempo que mi amigo el escritor ha venido insistiéndome para que dejara caer en su blog algunas crónicas. Al final, por perseverancia, lo ha logrado. Culpa suya será el resultado de este mi primer intento en un arte en el que no me manejo. Allá él. Yo a cumplir por aquello de la amistad.

En esta mi ciudad cada vez hay menos sol, o el sol ya no es lo que era. También hay menos sitios donde tomarlo. Buscar una rincón donde entre un rayo es un privilegio, ¡son tantas las construcciones…! A mí me gustaba mucho salir la mañana de los domingos y sentarme a tomar mi cortadito, a leer la prensa y a exponer mi rostro y mis piernas a su abrazo. Ahora salgo por el barrio y busco en las esquinas donde pararme para que el muy huidizo rayo de sol me dé algo de cobijo. No es fácil que te dé de lleno. Por eso hay que buscar vértices por donde se deje caer ¡Hay tantas construcciones y tantas casas! No hay nada como el sol. Me gusta su calidez. Cuando no hay sol me pongo triste y la ciudad no es mi ciudad, es la del que viene a visitarnos cada año. Y para mí que ellos allá, en sus esquinas, están tristes. Aquí a los visitantes los veo felices las mañanas de los domingos, con su cortadito, su prensa y sus piernas al sol. A mi me gusta ese binomio que forman el domingo y el sol. Me gusta, por tanto, que mi ciudad no pierda la claridad y la calidez. Ayer, domingo, encontré mi esquina y logré la claridad suficiente para aguantar una semana más haciendo equilibrios en esta ciudad que me ha tocado vivir.

Siempre tuya. Una funámbula de ciudad.

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