9 jun. 2014

Doña Carmencita Peña. Maestra de corazón y vocación en Vecindario. Una agradable visita .

Doña Carmencita Peña siguiendo el encuentro con los niños en el CEIP Tagoror el día de mi visita.

Los docentes que siguen este blog ya sabrán de quién les voy a hablar por el título que encabeza y por el renombre de la persona a quien va dedicado. Doña Carmencita Peña es Maestra de corazón y vocación. Ahora ya anda retirada de las aulas, pero no de la educación, pues esa condición de educadora jamás la perderá. En el artículo anterior les comenté que aprovechando mi presencia en el CEIP Tagoror acudió a visitarme. Fue una agradable sorpresa, pues hacía tiempo que no hablábamos de nuestras cosas, familias, estado de salud, libros, sociedad, y también sobre la Escuela.

A doña Carmencita Peña la conozco desde que llegué a Vecindario (Santa Lucía de Tirajana), como inspector. Ya no recuerdo los años, pudiera ser allá a principio de los noventa. La visité en su aula, por cortesía como siempre hice con todos los profesores al comenzar el curso escolar, y me dio una sensación de paz inmensa. Trabajaba con sus alumnos y me los presentó. Recuerdo que era tanta su pasión por lo que hacía, que pronto me vi involucrado en la tarea que realizaba como uno más de aquella aula. ¿Conocen esa sensación de llegar aun lugar donde nunca has estado y encontrarte como en tu propia casa? Fue un chute de empatía total. Me fui de allí convencido de que aquel grupo de alumnos estaban recibiendo en su proceso de enseñanza aprendizaje lo que todos deseamos para nuestros hijos.

Luego, con el paso de los años coincidimos en muchas ocasiones, siempre preocupada por la marcha de la escuela. Seminarios de Animación a la Lectura, Grupos de Trabajo para la Renovación y Reformas de las Enseñanzas, Colectivos de Profesores de todo tipo...  Era incansable y todo por sus alumnos y alumnas. 

Tengo que decir, además que siempre tuvo tiempo para acercarse a las presentaciones de los libros de su amigo el inspector que escribe cuentos. Y también de ofrecerme la oportunidad de asistir su aula para alguna que otra actividad sobre la lectura de mis libros. Adjunto, a continuación, la imágenes de una inolvidable ocasión que tuve de un encuentro sobre mi libro Chicho, allá por el curso 1997/1998.



Es además muy generosa y por aquí en mi archivo particular tengo varios detalles, que me recuerdan de su dadivosidad. Este día, me refiero a hace unas fechas, tuvo la delicadeza de regalarme algo tan personal que guardaba como oro en paño -les adjunto una imagen a continuación. Ella puede tener la completa seguridad de que siempre estará en lugar preferente en mi hogar y en mis recuerdos. Como podrán ver, se trata de un ejemplar de RAYAS (Tercera Parte) de Editorial Sánchez Rodríguez (1954)


Un libro que vendrá a la mente de muchos de los que iniciamos nuestra escolaridad por esos años y que echarle una ojeada te transporta en el tiempo a una enseñanza tan distinta a la actual.

En otro orden de cosas, doña Carmencita Peña la Maestra, me pasó unos escritos, de años atrás, donde ha dejado plasmados pensamientos sobre su querida Escuela. Toda un vaciado de sentimientos y aplicaciones en el aula y también de sus deseos de por donde ha dirigido sus pasos, de por donde se debe caminar en la educación actual y en el futuro. Da gusto leer sobre tu profesión, cuando el escritor tiene las ideas tan claras. Estos documentos, los fotocopiaré con su permiso, y formarán parte de mi archivo, como ejemplo de buen hacer y pensar en en la profesión amada.

En definitiva, a doña Carmencita Peña, una vez más, le doy las gracias por su presencia y atenciones para con mi persona y le hago llegar mi reconocimiento y respeto por su labor pedagógica. Además  concluyo diciendo que puede estar completamente orgullosa de su magisterio y que ha sido un referente para muchos docentes y para mí también, además de un honor haberla tenido como compañera de profesión tantos cursos escolares.

Un abrazo, querida Maestra y amiga, y a seguir trabajando desde la retaguardia, por conseguir el objetivo final que no debe ser otro que la educación sea capaz de arrastrar a la sociedad, aunque sepamos que pueda ser una utopía. En todo caso "Bendita Utopía". 


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