25 ago 2021

Crepúsculo. A Antonio Reguera González (25.08.2021).

 

A mi tío Antonio Reguera González, todo bondad, y con quien he aprendido a amar nuestras raíces.

 

Crepúsculo

 

Ha pasado casi un siglo y nada es igual. Piso la arena con zapatos, sin sentirla bajo las plantas desnudas de mis pies. Bermejos sin colores negros, sin vides, sin socos hechos de rocas del malpaís y de la mano de José Cabrera. Solo con recuerdos de cuando fue hogar. De espaldas a la estructura que fue agasajo y cariño, de frente árboles que no huelen a azahar ni a moscatel, ni a malvasía, que atraigan a las abejas a realizar su menester. Mi bastón sostiene un poco menos de cien años. Atrás quedaron gritos de chicos, cantos de la tierra: << el sorondongo, mondongo del fraile, que salga la niña… …>>,  jornadas de cacerías en el volcán, vendimias, pisadas del fruto en el lagar y vasos de mosto para celebrar la vida.

 

Solo permanece erguida al fondo, más allá del malpaís, la Montaña de Tamia. La veo con nubes que difuminan su cima, acompañándome como siempre lo hizo, dejando pasar el tiempo y escondiendo su rostro ante los avatares de una vida tan cambiante.

 

Bajo la mirada. Solo estoy yo y lo que fue el lugar. Camino, medito y dejo caer unas lágrimas con mis sentimientos puestos en mis arraigos. Añoro…

 

                                                          Joaquín Nieto Reguera

 


 

 

Con mi agradecimiento a:

 

Leticia Reguera Tabares quien propició el encuentro de su abuelo con sus orígenes y tomó las fotos el día 19/08/2021 en Los Bermejos (San Bartolomé. Lanzarote).

 

A Rafael Curbelo Armas quien aportó sus conocimientos y reportaje fotográfico de la geografía del lugar que dará pie a nuevos artículos.

 

A Ángel Barreto Viera y esposa, bodeguero de la zona, por su disposición y cooperación en la temática.

 

 

6 jul 2021

Manuel Chavanel Seoane. Una placa para el recuerdo (05.07.2021).

Palabras de Joaquín Nieto en el Acto de apertura de la placa en el despacho de Manuel Chavanel Seoane (DEP), en la Inspección de educación de Las Palmas.

 


 

            Deseo, antes de comenzar, aprovechar estas primeras palabras para agradecer a la Inspección General y a su equipo, la acogida y disposición que han tenido para la realización de este acto que marca un precedente en esta casa.

 

El día 15 de diciembre de 1994 este edificio fue inaugurado de forma oficial. Para dicho acto fui invitado por la inspección general a hablar de mis trabajos sobre la Historia de la Inspección educativa en Canarias. El título de dicha ponencia fue: “Algunos apuntes sobre la historia de la Inspección Educativa en la Provincia de Las Palmas (1850 – 1960).” Hoy, casi treinta años después, ya jubilado y por un motivo que jamás hubiese deseado, se me  solicita hablar sobre nuestro querido compañero y amigo Manuel Chavanel Seoane, quien hizo de su carrera su presencia permanente unida a esta misma casa y en este despacho que rotulamos para recuerdo de su persona. Triste ha sido la partida, pero tristísimo sería el olvido, por lo tanto objetivo cumplido.

 

            Permítanme que me dirija a la familia de Manolo para agradecerles también, el esfuerzo que han realizado para estar hoy aquí, pues aún hace muy poco tiempo de su marcha y sabemos que estos actos no son fáciles de llevar. También mi agradecimiento para todos los amigos y compañeros y a todos aquellos que se han disculpado por encontrarse fuera de la isla o en otros menesteres. 

 


 

 

             No quisiera extenderme mucho en mi exposición, pero sí dejar unas pinceladas de la personalidad de nuestro amigo, quien a buen seguro estará planteándose los por qué de nuestra presencia y halagos a su persona, pues todos sabemos de su humildad y lo poco dado a figurar, ya que lo suyo era trabajar y sacar adelante los proyectos de la vida, en el silencio más absoluto y sin darle importancia a su labor.

 

            Yo no sé si me perdonará el haber motivado este encuentro en su memoria. Por las dudas y dada, como decía, la gran virtud de su modestia, hoy les hablaré del Principito. ¿Y por qué El Principito? Bueno, es obvio, estamos en una de las casas de la educación, a ambos nos encanta y es el libro, para mi gusto, que mejor condensa un cúmulo de virtudes para llevarlo por la vida como referente. Y así lo hizo él.

 

Eso sí, a cada uno de ustedes les ruego que se dejen llevar por las similitudes en los personajes y así me ayudarán en este honor que me ha tocado en el día de hoy.  De esa forma me cubriré las espaldas ante nuestro querido amigo por si se sintiera avergonzado por tanto halago.

 

    


         


    Pues bien, para ello se dedicaba con esmero en hacer que las cosas fueran más sencillas. El Principito cada día hacía su mundo más feliz quitando con paciencia las semillas de baobabs, para que las raíces de aquellos enormes árboles no le impidieran ver las puestas de sol, y así con solo mover la silla de su mundo, tan pequeño, le permitía ver hasta cuarenta y tres puestas de sol. ¿Habrá algo más lindo que resolver con habilidad y constancia para ser feliz?

 

            Es decir, en su pensamiento había un mundo, para él pequeño, donde jamás importaría cuántos impedimentos tuviera; se decía: cortaré las semillas, con constancia, y tendré una visión magnífica del sol para gozar.

 

            Suena el teléfono, una y otra vez, entre una y otra vez hay escuchas y respuestas, bueno más escuchas que respuestas. El Principito jamás preguntaba sino lo indispensable. Pero cuando decía algo, en sus palabras iba la mejor solución. Si al otro lado estaba el rey de algún asteroide que se sentía todopoderoso, le pedía que fuera lo suficientemente poderoso para que permitiera a su súbdito hacer lo que debiera y pudiera realizar. No se puede ir en contra de las leyes del universo y exigir lo imposible.

 

También el tiempo puede trascurrir y ayudar a una solución. No hay prisas, mientras, quizás podamos pensar que el orgullo no nos conduce a nada. Por eso, a la rosa que es orgullosa la deja sola y con el pasar de los días ella irá pensando y entenderá que sin la ayuda y el consejo asesor del principito quedará marchita, para casi al final recapacitar y romper raíces que permitan ver con claridad la solución del problema.

 

     


        

 

    En otras llamadas, presencias y visitas hay quiénes lo tienen y lo quieren todo. Tienen tantas cosas materiales que pasan el día contándolas para a su vez contarlas a los demás, o sea otros que tampoco ven la luz ensimismados en sus riquezas o razones. Proyectos de todo tipo, pizarras digitales para exponer miles de esos proyectos, páginas webs que se ven en todo el mundo, Ipads, tablets, móviles, riquezas y riquezas, más riquezas  y sobre todo razones que son a su gusto las únicas verdaderas. A todos estos les falta tiempo para ser felices y repartir esa felicidad entre los más pequeños. Y él le dice ¿para qué tantos recursos, para qué tantas riquezas si no escuchas?, si los otros son solo objetos a contar, si los que han de aprender nada más que entienden de riquezas, si tus niños en casa no guardan silencio para escuchar, siempre pensarán que tienen razón. Quizá siendo más pobres y dejando de contar riquezas serán más felices, además de razonables y aprenderemos a escuchar. Hagamos el mundo más pequeño y que se pueda mover la silla y ver atardeceres…

 

           

            Ha llegado un padre de familia, sus recursos no son los de un rey todopoderoso, ni siquiera tenía muchas estrellas que contar. Solo bebía para olvidar que bebía. El Principito le dijo que jamás se pusiera el sombrero del hombre rico en estrellas, que la vergüenza cuando se tiene personas a su cargo, tan solo es una sobrecarga. Y, tras exclamar, qué raros son los adultos, con un par de llamadas, por el teléfono que siempre sonaba, le posibilitó escuela y comida. Y el padre de familia dejó de beber para no cargar con el peso de su conciencia y recordar, cada día, el agradecimiento a el Principito.

 

            En el asteroide de las leyes cada vez que el farolero enciende la luz de la farola es para que todos los súbditos sepan que se ha hecho una nueva ley.  Luego la apaga rápidamente para estar preparado para que cuando avise el legislador encenderla de nuevo. Con una mano enciende y apaga la farola y con la otra coge el teléfono. Ha sonado una llamada y alguien con sombrero de medio mando, le pregunta sobre la nueva normativa de niños que nacen en asteroides que hablan distinto a los del farolero. <<Consulta el artículo quince, apartado dos, habla de estos casos y el traslado de niños a otros asteroides de lenguas distintas>>; le contesta, le pide perdón por lo conciso, se despide y enciende de nuevo la farola, acaba de nacer una nueva normativa y con la rapidez de una gacela la aprende para poder asesorar antes de que apague la farola de nuevo. Farolero, asesor, amable, eficaz… ¡Qué raros son los adultos!, pensó el Principito y siguió cumpliendo.

 

            Después de conocer a los hombres de aquella tierra detectó lo difícil que era entenderlos, puesto que eran diferentes y contradictorios a la vez. Uno protestaba por todo, aunque fuera bueno para él y los demás; otro no protestaba por nada aunque fuera malo para él y los demás; el de la barba con una venda en los ojos e incapaz de cumplir, hacía cumplir a los demás; el que simulaba sonreír, aunque estuviera triste, cumplía con amargura; el que simulaba enfermedad quería ser premiado, el que estaba enfermo se esforzaba con dolor. No entendía nada en aquel mundo de las rarezas de los mayores.

 

            


 

     El Principito pensó en todo aquello y menos comprendió a los adultos, lo que le llevó a tomar la decisión de mirarse hacia dentro y entender solo lo que veía con su corazón. Y vio a personas necesitadas de protección y puso en práctica su más importante lema: a pesar de sus taras “todos son hombres que necesitan mi ayuda”. Y desde entonces el teléfono sonó cada día más y daba razones más razonables.

 

            Un día el Principito dejó de viajar por los asteroides y la tierra, no sin antes conocer el amor y tras saborear el fruto de la felicidad formando pareja y descendencia, disfrutó más que nunca en la vida, pero alguien tomó la decisión de enviarlo a vivir a una estrella donde todos eran cuerdos. Pero tiene tareas, eso sí, desde allí mira y sigue tratando de entender las rarezas de los adultos, pero sigue amando, queriendo cuidando de un orden y haciendo el bien. Tiene tiempo de ver a todos los que quiere para protegerlos, a sus amores, a sus amigos, a sus compañeros. Ya no necesita mover la silla para ver los atardeceres, pues los ve en todo su esplendor; cuida de que la rosa tenga agua, y mueve el mundo para que los niños tengan adultos que los cuiden, los protejan y para que no les falte comida y escuela.

 

A mi querido amigo y compañero de vida y profesión Manolo Chavanel Seoane, hombre bueno, serio, honrado, accesible, amante de los suyos y que siempre lucía una inmensa sonrisa y de quien tanto aprendí de como andar por este mundo tan complicado y de adultos tan raros.

 

                                                                                  Joaquín Nieto Reguera

                                                                                 

Las Palmas de Gran Canaria a cinco de julio de 2021

 

 

           

19 abr 2021

Sebastián López Álamo (Chanito). D.E. P. el amigo que inspiró uno de mis cuentos. (18.04.2021)



Hace unos días recibí la triste noticia, a través de mi amiga Carmelina Valerón Sánchez, de la marcha de Chanito. Les comento que este señor fue el inspirador de uno de mis cuentos.

En el año 1974 llegué a vivir a Puerto Rico (sur de Gran Canaria). Por mi condición de director de hotel, fui contratado por una empresa para llevar varios complejos turísticos en la zona.

La familia estaba constituida por mi esposa, mi hija Tati y el año siguiente nacería Carolina.
La urbanización era en sus inicios muy familiar y los que vivíamos allí nos conocíamos todos. Muchos de los ratos de ocio los pasábamos en el Motor Grande, lugar donde tenían sus casas los trabajadores de la zona. Allí, Carmelina y su marido Juan regentaban un bar restaurante donde conocí a Chanito por primera vez.

Por entonces él trabajaba para los Roca (propietarios de la urbanización) en el camión de la basura. Todos los días pasaba por los complejos turísticos para retirar los residuos y por su talante afable y campechano era muy querido por los hoteleros. Siempre teníamos algún motivo para charlar unos minutos.

Carolina se fue criando y no era muy amiga de cucharas, hacía buchitos con la comida. Para solucionar este asunto hablamos con él y le planteamos una solución para el caso, dando su conformidad. Así que, cada día, tocaba el claxon cuando pasaba a la vez que le dijimos a la niña que era Chanito quien se llevaba en su camión a los niños que no comían bien el puré.
Así no hubo plato que se resistiera, entre claxon y la voz del buen hombre desde el camión diciendo: ¿Carolina se comió bien el potaje? se solucionó el asunto.
Años después, fui destinado como maestro a El Pajar y allí se me ocurrió escribir un cuento con Chanito como personaje principal y con la modificación que actualmente tiene publicado. El buen hombre se convirtió, por arte de la escritura, en un chatarrero que daba alegrías a los niños, seguramente como desagravio a lo que habíamos hecho en la realidad.
"Chanito Traganiños" formó parte de una publicación y también con otras dos más de cuentos contextualizados en El Pajar: "Chanito Traganiños", "El Semáforo Anacleto y Guillermo Vida Alegre" y "Rosendo Artesano. Taller de Ideas".
Nunca supo el bueno de Chanito que fue personaje de uno de mis cuentos, si bien es verdad que una vez que abandoné la hostelería tampoco frecuenté la zona turística.





Este cuento y los otros dos los ilustró la docente y amiga pintora
Lucía Martín Domínguez
. Y sí dije a los niños que leían el cuento que Chanito era un personaje real, que vivía en El Motor Grande de Puerto Rico y que era una persona excelente.
Quiero enviar un abrazo a la familia de Sebastián López Álamo y mostrarles mis condolencias.
Se fue el amigo Chanito, descanse en paz y que Dios lo tenga a su lado, que lo merece por ser tan buena persona.

29 ene 2021

IN MEMORIAM DE DON JOSÉ CASTELLANO BENÍTEZ (Inspector de Educación jubilado)

 

 

Los compañeros de la Inspección Educativa de Canarias hemos recibido con mucha tristeza el fallecimiento del inspector de educación don José Castellano Benítez. Tras larga enfermedad ha dejado a su familia y amigos con gran dolor por tan sentida marcha.

 

Pepe Castellano dedicó su vida al magisterio canario, con entrega, seriedad y mucha humildad. Natural de Santa María de Guía, Inició sus pasos en la carrera docente cuando el año 1965 aprobó las oposiciones, con el número uno de su promoción. Obtuvo su primer destino en la Escuela Nacional de Puerto del Rosario. El año siguiente trabajó en Alfabetización de Vecindario durante un curso escolar. En 1968 y hasta 1970 fue destinado al C.N. Calvo Sotelo realizando tareas de pedagogía terapéutica.  Interesado por la disciplina que realizaba, solicitó destino en educación especial en Prat de Llobregat. Acudió a clases, durante cinco años, y obtuvo la licenciatura en Psicología en la Universidad de Barcelona, en horario de seis a diez de la noche. Una vez que volvió a su tierra obtuvo destino en el C.N. Generalísimo Franco (actual C.E.I.P. Canteras). A finales de los setenta formó parte, como fundador y por tanto como pionero, del primer Equipo de Orientación de la provincia (Servicio de Orientación Escolar y Vocacional). A partir de 1982 accedió, como interino, al Servicio de Inspección, obteniendo su plaza definitiva en 1986, por concurso oposición. En enero de 1990  y hasta su jubilación en el año 2006, sería el inspector coordinador de la provincia de Las Palmas. Ese mismo año, a propuesta de la Consejería de Educación, obtuvo la Cruz de Alfonso X el Sabio de manos de la ministra del ramo, por los méritos obtenidos en su dilatada carrera.

 

Conocí a Pepe Castellano en 1984 en Jinámar, siendo yo director del C.N. Fernando del Castillo (actualmente CEIP José Tejera). Me llamaba la atención su capacidad de liderazgo y asesoramiento. Tenía un trato muy cercano y humanitario, virtud muy necesaria en la zona de trabajo que ocupábamos. Allí trabajamos, junto al resto de los directores, en la escolarización del numeroso alumnado que ocuparon los colegios. El trabajo fue duro y complicado, pues estábamos desbordados. Jamás lo vi desfallecer en la tarea tan complicada que nos ocupó por la entrega de tantas viviendas sociales. Quién me diría que tras su marcha de la zona, me ofrecieron ingresar en la inspección y lo tendría como jefe durante toda mi estancia en el servicio. Formó parte de mi tribunal de oposición en el año 1989 y al aprobar me convenció para que tomara la plaza de Fuerteventura.

 

De Pepe Castellano solo tengo palabras de agradecimiento por su trato y deferencia hacia mi persona. Largas charlas para escuchar y luego asesorar, reuniones de coordinación con todos los compañeros con el fin de informar, poner a punto interpretando la normativa y como consecuencia de ello una sola voz inequívoca de los componentes del servicio hacia los centros educativos. La toma de decisiones con templanza, usando el tiempo como un modelo eficaz de actuación  y ajustada a la normativa. No había horario para las consultas, ya fuera en su despacho, tomando un café o llamándolo a casa en tiempo de descanso. Jamás le escuché una palabra más alta que otra, jamás un desdén, jamás una orden sin un <<a ti que te parece si lo haces así…>>. Pepe era un compañero más que se involucraba en el problema que fueras a plantearle.

 

La Inspección Educativa de Las Palmas, bajo su jefatura, era una máquina bien engrasada y ajustada que tenía prestigio por su seriedad y dedicación. Estos días he leído en el grupo de watsApp de los compañeros jubilados, muchísimas palabras de afecto y agradecimiento y ningún reproche. Sería imposible reproducirlas en este medio. En el fondo y resumen de todas esas opiniones: José Castellano fue un  profesional honesto, un trabajador incansable, gran compañero y amigo que dejó el listón muy alto en el magisterio canario.   

 

Estamos, por tanto, ante la pérdida de un docente que ha hecho escuela en su parcela y que jamás debe olvidarse como referente para los futuros profesionales de la educación en Canarias.

 

El día nueve de febrero de 2007 recibió el homenaje merecido de los compañeros en el Gabinete Literario. Allí estuvimos todos. Recuerdo que escribí un poema para el momento y que leyó el amigo Gorgonio Martín Muñoz (D.E.P.) pues yo no me sentía con fuerzas para leerlo. Hoy merece que lo recuerde, pues con el papel escondo mis sentimientos de mejor manera. Decía así:

 

Estoy delante del papel y veo al amigo./ Estoy metido en el reconocimiento./ Escucho que me dices que sea conciso/ ¿Cómo las horas? ¿Cómo el tiempo? / Me pregunto: ¿Cómo puedo ser sucinto si no lo deseo?/  Vueltas al pensamiento./  Debo decir lo de la amistad y el respeto,/ lo de la paciencia y el buen entendimiento./

Continúo con el papel y veo al amigo./  Sigo metido en el reconocimiento./ Escucho que me dices que sea generoso./ ¿Cómo en la entrega? ¿Cómo en la equidad?/ Me pregunto: ¿Qué pasará si no digo/ lo de la seriedad?/  Sigo en el razonamiento./ Debo decirlo, así como lo de la consideración,/ la cortesía y la continua deferencia./ Estoy delante del papel y sigo viendo al amigo.

 

Aquella noche y al día siguiente me llamó a casa y me agradeció mis palabras. Él era así “gentil hombre de la educación”. Lo vamos a echar de menos en nuestras reuniones de jubilados del servicio. La última vez que vino a una de ellas me tocó llevarlo a casa. Ya se notaba que perdía facultades y que la maldita enfermedad iba ganando terreno. Así y todo hacía esfuerzos por seguir la conversación. Lo dejé en la esquina de casa y esperé hasta que entró en su domicilio. Caminaba con porte y me hizo recordar una foto, tomada por un periodista, ocasionalmente, de él que vi en la prensa un día de lluvia por la calle Primero de Mayo. Su pantalón gris, su chaqueta azul marino, su paraguas y el maletín, todo un lord paseando por Piccadilly . Creo que fue la última vez que coincidimos.

 

Quiero enviar un abrazo a su esposa Dory, a sus hijos Miriam, Raúl e Iván y a toda la familia. No puedo olvidar a todo el magisterio canario que ha mostrado su pesar por la marcha de Pepe y si me lo permiten quiero hacer un apartado especial para enviar mis condolencias también a todos los miembros, en activo y jubilados, del Servicio de la Inspección Educativa de Canarias.

 

Que descanse en paz José Castellano Benítez y permanezca con nosotros su recuerdo.

 

 

                                               


                                               Foto cedida por José Manuel Vega (AEDE). Pepe Castellano en Notre Dame de Paris

14 sept 2020

La Escuelita del Almendro (14.09.2020)

 

 

 


 

La escuelita del almendro.

Ha llegado el verano a San Mateo y hace calor. Las que fueron flores multicolores se han convertido en frutas y las almendras caen maduras sobre el pupitre de La escuelita del almendro. Allí hacen tareas Kinito y Nuqui. Cada día aprenden a leer, a dibujar y a contar las almendras que forman una decena, una docena y hasta una centena. Aprenden a escribir mientras sus manos, cada vez más seguras, cogen los lápices, a la vez que acarician a sus amiguitos de la finca. Cantan melodías y suena la alegría. Se acercan los gatos pausadamente para jugar con los saltamontes. Los perritos chismean de sus cosas y se sientan en las faldas de los niños, para ver cómo lucen los colores en las libretas. Los pájaros se posan sobre el árbol y entonan canciones, a la vez que las mariposas bailan en zigzag con sus trajes de seda. No importa que Canelita descanse su boca en la libreta, ni que Vicky, la gatita de la mancha blanca en la frente, se duerma sobre el regazo de Kinito, mientras el rosado de su témpera cubre la ilustración.

Cabe todo en La escuelita del almendro, todo menos hacer daño a los animalitos. Ellos saben que las hormigas cooperan y trabajan en equipo, o sea que son sociables. Conocen que los perdigones corren por la finca de los vecinos llamando a sus padres, que Negrita (la madre de la camadas de gatitos) los ha dejado vivir sus vidas y se fue a recorrer otras tierras. A la vez Canela y Blanquita, las dos perritas que trajeron los Babus de Valsequillo, han acogido a los mininos y duermen por la noche todos juntos en su casita para darse calor. Saben, también, el día que vienen la ovejas a pastar a la finca y que el señor pastor los deja que acaricien la lana de las más pequeñas cuando comen la hierba, mientras suenan sus cencerros en una sintonía acompasada.

Todo eso, y mucho más, sucede en la Escuelita del Almendro, donde los padres, Kino y Angi, les enseñan que aprendiendo en (y de) la naturaleza, serán buenas personas y muy felices durante sus largas vidas.

 

 

 

 



23 ago 2020

Un recuerdo del CEIP HILDA ZUDÁN (Día del Libro 2020).

 

Hoy he abierto Internet y he encontrado esta referencia que hicieron en el CEIP Hilda Zudán de Jinámar por el Día del Libro. Estuve en el centro hace años para una visita con el fin de comentar los libros que habían leído los niños. Este curso, sin mi presencia, hicieron muchas actividades los diferentes cursos. Me alegra mucho esta referencia porque constato que aunque haya dejado de asistir a los centros, los docentes se acuerdan de mis libros, incluso estando confinados y trabajando telemáticamente. Les doy las gracias por todo lo que han hecho y les deseo un nuevo curso venturoso e infinitamente más tranquilo que el pasado. Un abrazo y gracias.

24 jun 2020

En el setenta y siete cumpleaños de Pepe Nieto (24.06.2020).




A mi querido hermano Pepe Nieto.

Años y meses pasaron desde entonces. No hubo despedida, pues fue un día más, solo perduró el recuerdo de la madrugada sombría y triste. Él, ahora, persiste en mis esencias; en los espacios huecos que dejaron su vitalidad y llenaron mis pensamientos, mis tristezas, mis alegrías, mis quereres… La oquedad quedó atrás para colmarme con sus anhelos y convertirme en senderos cargados de luz (aquella misma luz que él me insufló mientras no fue sombra).


12 jun 2020

Rotha Beryl Lintorn-Orman (La franquicia de su equipaje) . 12.06.2020





Para pedestal, no para sepulcro, se hizo la tierra, puesto que está tendida a nuestros pies.      
   José Martí


Se sentó sobre el murete, apartó el jable y afianzando sus pies descalzos sobre la tierra se dispuso a dejar sobre la triste lápida de mármol, la franquicia de su equipaje.

Simples complementos de uso cotidiano: un sombrero de ala ancha, unas gafas de sol, las llaves del auto, el móvil, sus recursos para el maquillaje y el bolso de mano que tanto la socorría.

Y así se presentó ante su lecho, ochenta años después.  Ante quien se había iniciado como heroína con medallas y acabó como idealista y pragmática del fascismo británico.

¿Para qué sueños dañinos? ¿Para qué más cargas en la vida? Si solo se necesita pureza de mente, sencillez en el alma y pies descalzos…

¿Para qué un corazón podrido por los malditos ideales? ¡Conteste Miss Rotha Beryl Lintorn-Orman!


10 jun 2020

Te negaré tres veces (10.06.2020).







En el pueblo era costumbre ir los domingos a hacer el paseo a la plaza.  La plaza era el lugar de los pretendientes al noviazgo y de los enamorados. Una fuente sin agua ocupaba el centro geográfico del recinto. A su lado un gran laurel de indias equidistaba de otros cuatro plantados a intención en las esquinas del lugar buscando dar sombra. Detrás de unos bancos de madera que servían de asiento para las vigilantes madres de algunas de las chicas, los jardines se mostraban con plantas y flores de temporadas.

Ellas, las chicas en edad de merecer, y ellos con años de prometer, iban en parejas o de cuatro. En estos casos siempre las chicas al centro y ellos en los costados. Uno al lado del otro, vestidos de domingo, paseando en círculo ajustándose a los parterres que circundaban aquel monumento a las pretensiones. La fila de parejitas no tenía fin.  Solo caminaban y hablaban, cuando ya se conocían, o se acompañaban en silencio, cuando aún sin conocerse se permitían ese halago. Aquellos que hablaban lo hacían de las simplezas que dicen los que se pretenden. Un roce entre chaqueta y blusa era todo una declaración de pasión desenfrenada.

El chico de la moña ajustada con fijador y mirada provocadora invitó a la chica de los ojos añiles y el pelo rubio a abandonar la formación:

—Aquí perdemos el tiempo, le dijo. Antes de que anochezca estaremos en tu casa. Yo me comprometo a llevarte y a hablar con tu padre. Voy en serio. Ella  se negó: 

—¡Estás loco, lo que dirán las cotillas del pueblo...!

Cuando llegaron a la salida de la plaza, él la empujó con su hombro y a ella no le quedó más que ceder ante el arrastre del apasionado galán. La chica de los ojos añiles agachó la cabeza y caminó  en dirección a su hogar. No quiso mirar atrás, seguro que ya la estarían poniendo en boca. Pero ella siguió el camino al lado de su osado pretendiente.

Desde que se vieron solos, él la invitó a la verbena del sábado:

—En el casino del pueblo. Allí podremos bailar sin que nos molesten, pues tengo que decirte algo importante. No quiero más rondas en esa odiosa plaza –le dijo mirándola fijamente, mientras ella agachaba la cabeza y ocultaba su mirada entre los dorados rizos.

Ella se negó por segunda vez: —¿no te parece que vas muy rápido?

—Soy así de impaciente— le contestó él.

Cuando llegaron a su casa, ella abrió la puerta y entró. El, tras ella, se invitó a pasar al zaguán. Ella no se negó. Ya dentro del pequeño espacio y entre puerta y puerta y acompañados por la oscuridad, la chica de los ojos añiles y dorado cabello, agarró al joven por sus brazos y lo atrajo hasta que sintió el cuerpo varonil unido al suyo. Para cuando el joven reaccionó ya ella le había entregado sus labios y lo besaba apasionadamente.

Pero el ímpetu de la hermosa joven se vio cortado, cuando el que había sido su impaciente galán de mirada provocadora cayó al suelo tras perder el conocimiento por la impresión del momento. Ella le ayudó a despertar del embeleso, soplándole los ojos y dándole palmaditas en la cara. Cuando el pretendiente recobró el sentido, solo veía imágenes borrosas, como si saliera de una caja en penumbras. Después, cuando dejó atrás el resuello, se disculpó con  la chica y antes de abandonar el lugar le negó que aquel fuera su primer beso de amor.

Las rondas en la plaza se sucedieron, pero la pareja del chico de la moña peinada con fijador y mirada provocadora y la chica de los ojos color añil y rizos dorados, no volvieron a cruzarse la mirada y mucho menos a unirse en aquella odiosa hilera de pretendientes.  






   

5 jun 2020

El Ilusionista (05.06.2020).



La diferencia entre el pasado, el presente y el futuro es solo una ilusión persistente.
(Albert Einstein)



                                                                      Foto obtenida en bbc.com


 Han bajado los precios de los artículos a vender en la tienda de los tres grandes portones de madera con cristaleras. Sí, es la tienda que luce medios pilares incrustados y sobre los que descansan lindos capiteles. Así la sitúan en los papeles de publicidad que los chicos del barrio, contratados por unos cuartos, van entregando a los transeúntes en mano, o dejando caer en los buzones.

La verdad es que toda la tienda, en su conjunto, aparenta cansancio. Acaso algo de descuido, también. Su dueño es un empresario mayor que en sus buenos tiempos fue un joven emprendedor muy capaz. Entonces, el negocio estaba como un palmito. Era la atracción de la calle Mayor. Allí entraban los acaudalados compradores que presumían de marcas y modelos para el día siguiente contonearse luciendo tipo y estilo. Ahora ya no, pues según fue pasando el tiempo los grandes almacenes inundaron el mercado y los pequeños negocios llegan a final de mes a fuerza de imaginación.

De todas formas, a don Darío su dueño no es que le importe mucho. Él es más feliz cuando al atardecer cierra sus puertas. Ya, tampoco, está pendiente del trato de sus dos empleadas con los pocos clientes que entran por la llamada del descenso de los precios. Él no tiene prisas por vender, ni ilusión por la caja, ni nadie que le espere. Él vive por vivir. Escapa con lo poco que entra cuando suena un ingreso en la caja registradora. No necesita grandes estipendios. Él lo que desea es el cierre, porque este le abre las puertas a otro mundo. Entonces se quita su chaqueta y en mangas de camisa abre su álbum de fotos donde se recogen los momentos más felices, aquellos que pasó con su amada Victoria.

En su silencio va pasando hoja a hoja y recrea sus miradas cargadas de intenciones, sus poses de jóvenes enamorados, la belleza del rostro de su amada, sus ondulados cabellos, su cuerpo de porcelana. Y es cuando vuela a su otrora lecho del amor. Donde solo eran dos en uno, compartiéndolo todo. Es así cuando en sus oídos se recrean nítidamente cada “te amo” entre agitados respiros y cada beso en un sello apasionado de fiel compromiso. Es cuando se hace dueño del paraíso. Solo aquel sueño se quiebra llegado el momento de abrir la página de los trozos de papel. Cachos de papel rosa en una escueta nota de despedida. Cachos de papel rosa resultado de los mismos mil pedazos de su dolorosa y enrabietada acción. Allí aparecían pegados poco a poco, tarde a tarde, como en un puzle que fuera componiendo con el paso de los años, mientras en cada ajuste fuera preguntándose el porqué.

Y entre balbuceos repite desconsoladamente buscándole un significado a lo incomprensible:

“Querido Darío:  Líbreme Dios de quererte hacer daño. Sirvan estas desgarradas letras, como roto está mi corazón, para despedirme. No puedo vivir con tanto amor. Tengo miedo a perderte y a que sufra en la misma medida que ahora te amo. Siempre te llevaré en mí. El recuerdo de lo vivido hará mucho más fuerte nuestro apasionado amor. Tuya de por vida.  María.”

Así de escueto y de difícil consuelo se muestra la misiva. Después, respira profundamente, cierra el álbum, lo coloca en la caja fuerte y deja caer la descolorida chaqueta sobre su cuerpo. No importa como le quede sobre la cansada espalda. Ni tampoco que al cerrar su tienda de las grandes cristaleras, un ilusionista lance pompas de plata que vuelen hasta abrazar a los que en el futuro serán quienes vibren con el amor que a él le persistirá de por vida.

13 may 2020

In Memoriam de Joaquín Reguera González (08.05.2020)



Lamento comunicarles el fallecimiento, anoche, de mi tío Quino (Joaquín Reguera González). Digo tío porque era el menor de los hermanos de mi madre. Debido a su edad, cuando se casaron mis padres en Arrecife en 1942, era aún un adolescente que con la llegada de mi hermano Pepe Nieto (DEP) se convirtió en nuestro hermano mayor. Así ha sido siempre, tanto él como mi tía Lola e hijos (Toñusa, Mariola, Carolina y Ricardo Joaquín) que han sido nuestra familia natural. 




                                   Los Bermejos (Lanzarote). Lugar donde se criaron los Reguera.



 
Hacía tiempo que estaba ingresado y estos dos meses de alejamiento “obligatorio” han resultado desesperante para nosotros. Qué duro es la enfermedad de un ser querido y qué desgarrador pasar los últimos meses y la despedida, sin poder estar a su lado para que sintiera nuestro cariño y agradecimiento, por tantos años de entrega. Pero bueno, entendemos que la situación lo requería, pero jamás vamos a poder olvidar esta prueba que nos ha puesto la vida. 

Acompaño mi dolor con el mismo sentimiento de mis primos, nombrados anteriormente, como el resto de toda la familia Reguera, nietos y bisnietos. 

En estos momentos es muy fácil que se  escapen palabras fáciles de alabanzas, no quisiera que se interpretaran de ese modo; así, pues quien lo conoció compartirá conmigo que fue un ser adorable, bondadoso, amable, enamorado de su esposa desde que eran unos niños, padre ejemplar, trabajador y cariñoso para los mayores y chinijos de la familia. 


                                       Mi tío y mios hermanos frente a la casa do0nde nacieron en El Charco de San Ginés


El día que mi madre se puso de parto en La Isleta, él la acompañaba en casa y corrió a buscar a la partera para que yo viniera al mundo. Con él di mis primeros pasos en su casa de la calle Bolivia en Guanarteme. Junto a él hemos vivido todas las alegrías y tristezas de nuestras vidas. Amaba a mis padres y los acompañó hasta el último segundo de sus vidas. Visitas a médicos, turnos de clínica, como uno más de mis hermanos, llamadas diarias a casa, toda la vida, día a día, para saber como estábamos todos y cada uno de nosotros. Eso es querer a su familia y no vamos a olvidarlo jamás. 



Permítanme que mande un abrazo muy fuerte a mi tía Lola que lo ha acompañado desde la niñez, siempre juntitos y que se amaron cada día de sus vidas, que está pasando la marcha de mi tío con todo el dolor que ello conlleva. 

Nada más, mis besos para mi tío y que descanse en paz tras la dura prueba final, totalmente inmerecida, cuando además de sus labios no salió una simple queja. 

Te querremos siempre “Maquinilla”.